Este verano, asistí a uno de los cursos organizados por la UIMP en Baeza, Jaque a la institución, coordinado por Jesús Alcaide y la Fragua – Combo. El broche lo puso Manuel Segade, con una de sus conferencias performativas donde el voguering nos llevó a algo más que Madonna, al nueva york de los años 80, al queer negro de las casas voguing y Arde París. Hoy, Manuel Segade ha dejado Rotterdam para dirigir el CA2M de Móstoles. Jesús Alcaide, ha comisariado la exposición recientemente inaugurada de Agustín Parejo School en el CAAC de Málaga. También estuvo Martí Manen, que venía de comisariar el pabellón español de la Bienal de Venecia. Dentro del programa, estaba prevista la actuación del Niño de Elche, aunque finalmente la universidad decidió no incluirle en el programa. Quizá por su mensaje comprometido que remueve conciencias buscando transformar la realidad. Recientemente, ha actuado en Madrid, dentro del Gastrofestival 2016, como también lo hizo en noviembre de 2015 en Cuenca, apoyado por la Facultad de Bellas Artes.

Al igual que en el resto de instituciones, el artista – ciudadano, dejó de sentirse representado por la institución arte. Si la cultura que se estaba creando no entraba en la institución, la cultura había migrado de la institución. La institución contemporánea debía adaptarse a las nuevas formas de producción y expresión artística, y éstas pasan por creaciones no tangibles, no comercializables o no objetuales. Los museos de la década de los noventa se transformaron en la primera década del siglo XXI en centros culturales y centros de arte. Quizá la institución más interesante sea lo que se ha venido a llamar Centro Cultural del siglo XXI, en la que lo cotidiano, ha pasado a ser objeto de análisis y expresión artística. Se fomenta el pensamiento y el conocimiento a partir de un tema conductor que integra visiones sociales, culturales y artísticas. Da importancia a los nuevos lenguajes de presentación o exhibición, están abiertas a públicos diversos y nuevas expresiones, buscan nuevas vías de financiación y tienen un impacto territorial en el desarrollo local, al tiempo que están conectadas internacionalmente en redes.

Han pasado más de 10 años desde que se empezó a replantear la institución desde dentro, con Manolo Borja-Villel y Juan Ribalta en el MACBA o María Lind en el Kunsverein de Munich y, aunque no hay un único modelo de institución, casos como los Mataderos de Madrid y Praga, Casco en Utrecht, Les Laboratoires D’Aubervillers en París, o el CA2M de Móstoles, parecen explorar un cambio de mentalidad en cuanto a cuál es el momento de la puesta en valor del trabajo artístico y cuáles son las nuevas “formas”, superando el concepto de “obra” para distinguir entre el trabajo artístico del no artístico.

La mayoría de los que asistimos al encuentro de Baeza, estábamos de acuerdo en hackear la institución, más que jaquearla. El jaque implica amenaza, y no se trata de amenazar a las instituciones, sino de hacer que cumplan su función, servir a la ciudadanía con una gestión transparente. Puesto que hace décadas que ciudadanos y artistas sentían que la institución era un mundo paralelo al real, ya era hora de hackearla y parece que por fin todos estos hackers y voces del extremo se han colado dentro. Hackear conlleva explorar una máquina buscando las limitaciones de un código para cambiarlo, descubrir este código y modificarlo. La institución, se había convertido en una máquina.

Mónica Castellano González, Gestora Cultural. Licenciada en Historia del Arte, Máster en Gestión Cultural y Máster en Historia del Arte Contemporáneo y Cultura Visual. Tras 12 años en instituciones públicas como SEACEX y AC/E, centra sus líneas de trabajo en los nuevos modos de producción y exhibición artística, políticas e industrias culturales. Interesada en la Gestión de Proximidad Participativa, aboga por la fórmula Cultura + Responsabilidad Social, cultura como paradigma social de intervención, integración y desarrollo.