por Gabriele Tosi

El Mediterráneo es el mar donde se han difundido, a veces se han hundido y en algunas ocasiones se han recuperado y conservado, los productos más importantes de las operaciones económicas y culturales que han marcado la percepción y auto-percepción de los pueblos europeos.

Gran parte de lo que ha marcado la manera en que pensamos acerca de las imágenes antes de la llegada de la internet, sistema en perspectiva de futuro, ha pasado por este mar. Las diversas refutaciones a la tesis de Pirenne1 no dejan de confirmar que el historiador belga tenía parte de razón al decir que sin Mahoma no habría existido Carlomagno, pensando en una cultura europea que debe más al comercio marítimo que al mundo clásico. En un artículo recientemente subido a YouTube2, Furio Jesi cuenta el mito de Europa, una joven transportada de Fenicia a Creta que se casará con Zeus, con forma de toro, y será la madre del legislador  Minos; una joven que aunque nació bajo la luz cruda y reveladora del sol, porta un carácter lunar fácilmente corruptible por las nieblas nórdicas en las que a menudo se encuentra sumergida. La cultura europea, por tanto, cada vez menos solar y más insomne, habría idealizado la propia infancia mitológica, generando estereotipos que siguen siendo reconocibles en los periódicos en las secciones de nutrición, turismo, y buen vivir. Pero una vez reemplazadas las muchas realidades del Mediterráneo con su propia abstracción única y uniforme, se ha dado inicio a una instrumentalización del imaginario que tiende a ensalzarlas, en paralelo o en contradicción, en la paz y en la guerra, una auto-representación de Europa menos lúgubre. Las políticas continentales hoy miran hacia el Mediterráneo con superioridad y prueban a aplicar un sistema heterónomo; es el detonante de un proceso que aumenta el enfrentamiento con las diversas realidades, tejidos de nodos culturales  realmente no catalogables y comprensibles por el pensamiento occidental. Incluso el concepto de crisis, un bucle de clichés con los que esta revista quiere jugar a fin de rastrear las maneras felices de vivir en un cuerpo social que se siente enfermo, se extiende ahora de manera indiscriminada a toda la zona del Mediterráneo; solo los más racionales pueden utilizar la palabra “crisis” en plural, hablando de “crisis mediterráneas” y no de la “crisis del Mediterráneo”. Aun así, más allá de las palabras que los medios de la letanía nos ofrecen, una profunda raíz positivista continúa a abrigar a este occidente, una actitud que se traduce en la creencia de poder encontrar una cosa buscando otra, de poder lograr un objetivo ya discutido declarando a la sociedad uno distinto, irrelevante y cuestionable. Así el Mediterráneo de los últimos veinte años, que por un vicio estético se está estratificando en la cultura de masas como un estereotipo vintage, ha evolucionado del verdadero campo de acción a palco-escénico para los espectadores de todo el mundo. Desde la guerra en los Balcanes las tendencias más recientes que lo atraviesan, la opinión pública continental mira el Mediterráneo como el teatro de las historias lineales, haciéndose espectadora de un evento que reproduce los años 90. Internet y las nuevas formas de comunicación pueden haber contribuido en parte a un resurgimiento de los temas reales, pero sin duda y por desgracia han hecho que el espectáculo sea aún más accesible y apetecible. La accesibilidad, la esporadicidad y la corruptibilidad de las informaciones reales son todavía demasiado eludibles o corruptibles, pero básicamente éste es el juego en curso que podría cambiar las cosas. Este número de Notas y Reflexiones no quiere agotar las posibles variaciones de este tema y mucho menos quiere proponer una visión artística de las situaciones que arrogantemente se declaran reales; quiere sobre todo restituir, a través de una multiplicidad de fuentes y contenidos, una visión más heterogénea y discontinua de un territorio a sí mismo demasiado cercano y demasiado pensado, con el fin de contribuir a la correcta aplicación de visiones más concretas.

[1]Según Pirenne, el verdadero punto de inflexión en Occidente no debe ser referido a la caída del Imperio Romano, pero la expansión árabe ocurrido alrededor del siglo VII. Para más información: Henri Pirenne, Maometto e Carlomagno, Grandi Tascabili Economici Newton, 1993

[2]  http://www.youtube.com/watch?v=a0nGnVQ4gmQ