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Lo imprevisible atraviesa toda nuestra producción. Habitar esta condición, explorar las grietas, es aquello que nos interesa. Las prácticas contemporáneas que nos mueven asumen ese riesgo. Tanto los procesos como las formalizaciones (consecuencias naturales de los mismos) siempre cuentan con la intervención de agentes externos, generando espacios de encuentro y desencuentro, de puesta en común o de empoderamiento y donde esa imprevisibilidad es lo que da vida al proyecto y retorno a nuestro trabajo de estudio. Para ello hemos explorado distintos métodos, pero siempre considerando al espectador con el poder de activar y desactivar los proyectos desde el criticismo, el entendimiento o la reapropiación.

La formalización de nuestros proyectos tiende al acto performativo. En el caso de nuestro último proyecto, Obra Pública, la colaboración que establecíamos se descabezaba en varios modos de hacer: desde entrevistas y conversaciones en la fase del acopio de información, hasta la participación en el Tour Obra Pública donde amigos, curiosos y anónimos subían a un microbus en la rotonda de Legazpi sin saber qué iba a ocurrir allí. El proyecto formaba parte del ciclo comisarial C.I.T.I (Centro de Investigación Técnicamente Imprevisible) de Jaime González y Manuela Pedrón en la Sala de Arte Joven de Madrid. De esta manera, contábamos también con un display en la sala, que nos servía como un punto estratégico para engarzar con los discursos generados desde las obras, lo comisarial y lo educativo que ocurría en la sala de exposiciones.

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Nos gusta pensar en el hecho expositivo mediante la herramienta del juego, entenderlo como una parte más de un conjunto global donde la prioridad no se centra ni en un cubo blanco, ni se focaliza en objetos o fetiches. Así, los displays no dejan de ser espacios de experimentación formal, de diálogo o tensión con el espacio expositivo y con el espectador que se enfrenta a los mismos. Así mismo, la idea que barajamos de la vivencia es un juego más. Un “meta juego”. Un juego basado en jugar. En explorar las normas, en construir unas nuevas.

Evidentemente, en nuestro trabajo, los procesos de diálogo con las instituciones se pueden ver dilatados y en algunos casos complejizarse, dado a que esta tiende a presentarse como un engranaje lento y pesado que todavía no ha generado una red perdurable y sólida que pueda sostener ni el trabajo colectivo o colaborativo, ni los formatos que se extienden más allá de la sala de exposiciones.

Partir de la idea que la institución legítima y es la única vía de producción y difusión posible nos resulta muy encorsetado. En el momento en el que nos desligamos de eso, se abre un espacio de libertad y autonomía tanto en la práctica como en la teoría. Por otro lado, es difícil llevar esa organicidad de la imprevisibilidad o diferenciación a una institución que por lo general funciona con procesos de cristalización y normalización de la misma. No obstante, residir en esa tensión generada, mantenerla, es lo que nos permite poder provocar cambio con y desde las propias instituciones, trabajando así por la inclusión de otros formatos, por la generación de red y la liberación de recursos para iniciativas tanto individuales, como colectivas, que no necesariamente tengan que pasar por el display expositivo. De esta manera, procuramos buscar la coherencia alejándonos de la autocensura, de la condescendencia y también siendo conscientes de qué significa una institución pública en términos de responsabilidad para con el ciudadano.

 

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El Banquete son Alejandría, Raquel, Antonio y Marta, todas ellas licenciadas en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid. Las cuatro artistas conforman un grupo de investigación y creación que desarrolla proyectos relacionados con la experiencia cotidiana como valor artístico. Por medio del estudio de lo cotidiano y lo doméstico, buscan la confrontación de  lo privado con lo público, cuestionando diversos sistemas de poderes, tanto colectivos como individuales. De este modo, la metodología de trabajo del colectivo consiste en la relectura política de las acciones cotidianas y el entorno diario. Los proyectos se articulan como apropiaciones lúdicas y experiencias subjetivas que pretenden actuar como desencadenantes de reflexión, suscitar un pensamiento crítico y empoderar al individuo.

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photo / Jorge Mirón