El tiempo y el espacio, constantes en la reflexión filosófica, salen del cenáculo de la intelectualidad para convertirse en objeto de debate público, especialmente desde que la crisis económica mundial se ha vuelto presente de tal manera como para imponernos una reconsideración de nuestro estilo de vida. Sin detenernos en referencias retóricas de la consiguiente crisis del sistema social capitalista, centramos nuestro interés en las investigaciones acerca del decrecimiento como respuesta a la insostenibilidad de los mercados -cuyas repercusiones afectan en particular a la cuestión del tiempo- y nos cuestionamos si quizás se haya superado el mito de la velocidad del siglo XX, sustituyéndose por el de la lentitud.

En una primera observación de los fenómenos y las representaciones sociales podría parecer que así es, pero a largo plazo, ¿hay realmente un espacio para una desaceleración? ¿podríamos decir que la etapa actual, no se trate en realidad de sólo una fase?

Compartimos el oxímoron Festina lente, tal y como Lamberto Maffei* también asimismo, para considerar cómo el debate debería pasar de centrarse en el tema de la velocidad para situarse en pensar otros modos con los que desarrollar nuevas soluciones para la vida cotidiana, de acuerdo con la lentitud del cerebro humano que sí puede dar respuestas rápidas, pero no es capaz de mantener, individual y socialmente, el ritmo de la aceleración continua que constantemente se nos “impone”.

Precisamente, coincidiendo con la publicación del presente número, se ha hecho pública la noticia que Facebook y Apple ofrecen a sus empleadas el pago de la congelación de sus óvulos, con el objetivo de forzar un retraso del momento natural de la maternidad, y con ello alargar la intensidad de la dedicación al trabajo. Se trata sin duda de una manipulación que muestra una dicotomía engañosa, reflejo de una fuerte presión hacia el consumismo que encuentra en la velocidad su fuerza motriz. Así pues nos cuestionamos cómo cambia la relación hombre-bienes de consumo en la sociedad posindustrial y qué significado tiene hoy en día desacelerar.

Rechazando un dualismo inconcebible (velocidad/lentitud) y un enfoque anacrónico, surgido de algunos fenómenos (destinados por lo tanto a ser experimentales, como por ejemplo el neo-trueque), pero sí convencidos de diversos aspectos del llamado slow living; nos parece necesario reflexionar buscando un nuevo enfoque contemporáneo, que no sólo tenga en cuenta los beneficios de la tecnología, sino también nuestra relación con ella.

Hablamos de la tecnología en términos de cómo la invención del hombre ha dado lugar a un desarrollo individual y social en el que el tiempo veloz asume un carácter estructural. Y teniendo en cuenta estos antecedentes, nos preguntamos cuál sería la tercera opción, ¿qué hibridación podría dar lugar a una dimensión, sea personal que colectiva, que cumpla con las nuevas exigencias?

Analizar estas premisas es apelar el pensamiento lento que hace referencia Maffei, el tiempo de la reflexión, la reflexión propia de los estudiosos, artistas y de los científicos. Urge reflexionar sobre el hecho que la velocidad, tratada sobremanera en el siglo pasado, haya encontrado una expresión específica en la producción de artistas, comunicadores y emprendedores, que hoy observan el fenómeno de la desaceleración con un retraso evidente, algo que sin embargo no ha pasado en el campo del diseño. Tal vez se trate sólo de una cuestión de enfoque, que este sea menos explícito.

Si tomamos como ejemplo el campo de las artes visuales, el retorno a un medium más reflexivo, como se ha dado en la pintura, nos preguntamos en qué medida se trata de un reflejo de esta evolución y en qué medida está condicionado por las reglas del mercado.

Incluso si el cambio fuese por ahora exclusivamente una cuestión personal, es fundamental cuestionarnos cómo la proyección individual puede abrir nuevos caminos en un momento de cambios socioculturales, pues no se trata de mirar únicamente al presente, sino de intentar mirar el futuro.

Y llegados a este punto, ¿cómo será el tiempo mañana ?

* Lamberto Maffei, Elogio della lentezza, ed. Il Mulino, Bolonia, 2014

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