El tiempo y el espacio como motivo de simulación de exposición.

Actualmente, las formas de comunicación virtuales han modificado nuestro uso y apreciación del tiempo. No es ilusoria la idea de «vivir» en diferentes universos paralelos, con lapsos pautados en cada uno y que esta vida multidimensional sea retransmitida, automática y globalmente, por y para todo tipo de redes. Exprimir la vida por un lado y clamar por otro una pausa a fin de organizar el alud de información y su consumo, además de necesitar un «tiempo para nosotros». Se entremezclan máximas para «parar y pensar» con fondo de puesta de sol junto con fotos instantáneas en un frenesí documental del individuo. Son, según Lipovetsky[1], las dos caras de la «hipermodernidad».

Con todo esto, ¿qué pauta espacio-temporal adopta el arte? ¿Cómo refleja el mundo?

Partiendo de la dualidad de la fotografía por su concepción de testigo en un tiempo y espacio dados y la sobresaturación de imágenes actual, se define una actitud resistente, combativa incluso, frente a los postulados de la posfotografía[2]: la fotografía todavía sirve como medio para revertir pautas, directa o indirectamente, sin dejar de ser consciente del momento actual. Hay otras maneras de expresarse, de modificar la tendencia global unificadora y aumentar los nichos de diversidad; de crear sin reciclar o apropiarse de lo ya hecho porque no todo está ya realizado, siendo igualmente cáustico y teniendo una mirada crítica respecto al tiempo y el espacio en los que vivimos.

 Simulando una exposición, en El Camino hacia Fuera es el Camino hacia Dentro, una intervención en el casco urbano de Gijón con 20 fotografías, Darío Martínez (Gijón, 1983) juega irónicamente con el deseo del «urbanita» estresado de huir del entorno hostil en el que se ha convertido la ciudad y reencontrarse con la naturaleza; ese anhelo olvidado vuelve en forma de fotografía hallada en el trajín continuo, no con ánimo hiriente sino con intención de dar un momento de respiro, un pararse a contemplar en el camino algo que, con la misma acción de percibir, ya está cambiando el ritmo automático diario.

Albert Gusi (Castellbisbal, 1970) actúa sobre el espacio-tiempo con Caminar en rodó mediante itinerarios circulares pedestres en diferentes localizaciones en Cataluña que se descargan en una web de excursionistas (www.es.wikiloc.com). Son itinerarios con sentido político, paisajístico, contemplativo o incluso de cambio en una actividad repetitiva (alternando entre un camino y el campo) per se. De manera sutil, el artista subvierte el sentido de caminar sin llegar a ninguna parte aunque dejando una huella cada vez más patente, dotándole de un nuevo significado de contemplación (una meta en sí misma), infiltrándose en otros espacios (la web de excursionistas) y transvirtiendo el sentido obsesivo que, también, domina la vida cotidiana.

Soledad y Despacio de Ana Nieto (Vitoria, 1978), imágenes de su serie Love Story muestran los pasos de un affaire mediante signos y mensajes urbanos; cómo interpretamos todo lo que vemos según lo que nos ocurre a nivel personal. Los símbolos nos llevan tanto a una reflexión como a un abismo, en los actos casi inmediatos de leer y mirar.

La fotografía de Andrés Medina (Madrid, 1978) nos traslada a un árido y voraz paisaje donde las motos derrapan por un camino serpenteante. Pertenece a su fanzine Tránsito, donde se suceden encuentros con lo inesperado, lo cruel, lo bello, lo orgánico y lo artificial, mediante una búsqueda de las huellas humanas en lo que se supone un paisaje virgen fuera de la ciudad. Un tratado completo de la hipermodernidad reflejado “a la antigua usanza”, puesto que Medina trabaja en formato analógico.

La femme géante es un ambrotipo sobre vidrio transparente realizado por Israel Ariño (Barcelona, 1974) dentro de su serie Les revenants et d’autres esprits crieurs. La contraposición de una técnica del s. XIX, que requiere un tiempo dilatado de pre y postproducción de la fotografía pero muy preciso durante la toma, así como la excepcional textura y calidad que permite el proceso, se une con un interés especial por mostrar imágenes evocadoras de un tempo y espacio mental propios del autor, donde todo y nada puede ser real.

Epílogo

En este recorrido, inverso en el tiempo pero anclado en el presente, enfrentándonos a la cultura actual donde la uniformidad engulle y, según la define Bauman[3], sirve al mercado del consumo orientado a la renovación de las existencias, quizá convendría parar realmente, darnos la vuelta y echar una mirada incluso más atrás; Fournier[4] promovía el siguiente menú económico para 100 personas en un falansterio:

7 sopas diferentes;

7 tipos de pan y vino;

7 entradas graduadas con 21 variedades;

7 asados y 7 ensaladas de diversas clases con 21 variedades;

14 postres de diversas clases con 42 variedades.

Proponer y promover el disfrute de la variedad artística, de la capacidad de elección sin necesidad de adherirse a una determinada corriente estilística y de una pausa, aunque solo sea para poder comer a gusto.

[1] La sociedad de la decepción. Entrevista con Bertrand Richard. Gilles Lipovetsky. Ed. Anagrama, 2008.
[2] Por un manifiesto posfotográfico. Joan Fontcuberta. http://www.lavanguardia.com/cultura/20110511/54152218372/por-un-manifiesto-posfotografico.html
[3] La cultura en el mundo de la modernidad líquida. Zygmunt Bauman. Fondo de Cultura Económica, 2013.
[4]Valor educativo de la ópera y la cocina. François Marie Charles Fourier. Ed. Trea, 2008.

Israel Ariño: http://israelarino.com/
Albert Gusi: http://www.albertgusi.com/
Darío Martínez: http://www.dariomr.com/
Andrés Medina: http://www.andresmedina.com/
Ana Nieto: http://www.ananieto.com/