Efectivamente llevamos ya un tiempo en el que a los conservadores de los museos se les exige otras funciones que van más allá de las que de antiguo tenían: proteger y estudiar las piezas de la colección (saberlo todo a nivel material, formal y conceptual, sobre los objetos que tienen la obligación de custodiar). En España, desde de la década de los 80, con los trabajos de Pedro Lavado Paradinas o de Ángela García Blanco, mis “clásicos favoritos” entre otros, empezó a cobrar relevancia la vertiente de la difusión; la necesidad de que sean conocidas las colecciones se imponía a la cabeza entre las metas de cualquier museo.

Pero, qué está pasando ahora? el conservador más que nunca, deben tener conocimientos sobre comunicación, educación, flujo de visitantes, posibilidades de interacción, escenografía, … Y deben de idear formas, actividades, paneles, guías, etc. que lleguen y atraigan al público que se propongan o elijan como objetivo. Esta necesidad ha hecho que otras disciplinas ajenas a la museología o la historia del arte, se consideren hoy indispensables para poner en marcha una exposición o un museo. Los museos no deben funcionar de espaldas a estas cuestiones, indudablemente enriquecedoras, pero tampoco debe dejarse llevar por estas tendencias sin aplicar las debidas críticas a los proyectos educativos, de difusión, o museográficos que decidan acometer. Eso requiere más inversión económica y humana, abocando irremediablemente a la realización del trabajo con un equipo multidisciplinar, y no de forma individualizada como lo hacían los eruditos de finales del siglo XIX. En definitiva el problema está en buscar un equilibrio entre los contenidos científicos y  la difusión y las vertientes pedagógicas.

Por desgracia, en muchos casos asistimos a una extraña metamorfosis en la que los museos se convierten en “circos”: lugares en los que se ofrecen “atracciones” sin, ni siquiera, poder ver algunas de las piezas objeto de su existir, evitando uno de sus fundamentos, el ser centro de investigación. Y los conservadores funcionan según las directrices que marca la institución y el equipo con que cuenten: o producen esas actividades con más o menos acierto, o dan las directrices o la argumentación científica para que otros las lleven acabo. El tema puede ser ampliamente discutido; los museos deben aportar un complemento a la formación reglada, dependiendo de las líneas temáticas que marcan sus colecciones, pero y ¿la educación previa, los conceptos, la cultura general que debe haber entre los visitantes?, o ¿debemos convertirnos en un “aula matinal” que necesita hacer caja y números para justificar su valor? Un día más nos enfrentamos a nuestro trabajo, sin dejar de pensar en lo que vamos a contar de él y preguntándonos, ¿qué hacemos hoy en el Museo?

Pedro Lavado Paradinas: “Marionetas o Pokemon, imágenes del arte infantil actual”, Arte, individuo y sociedad, Nº 1 (extra), 2002, pp.: 255-264.
https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2142699

Ángela García Blanco: “Comunicación en las exposiciones arqueológicas: su especificidad y resultados”, Mu-A: revista de los museos de Andalucía, nº 7, 2006, pp. 18-23.
https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2269885

Carmen López, doctor in art history and archeology, art researcher and specialist in medieval architecture, coordinator of Fundación Rodríguez-Acosta in Granada, Spain.

Photo: “Conservador en su museo”, Antonio Maldonado.