The Palestinian Museum of Natural History and Humankind, del palestino Khalil Rabah, no es sólo una obra. Es además un contenedor de arte que mezcla varios conceptos: el museo como arma que desubica la cultura y usurpa la memoria de los pueblos, el archivo como elemento vertebrador de la identidad cultural de una sociedad y la búsqueda de la memoria como componente necesario para la existencia. Además, hay más metáforas en este proyecto: Rabah no crea un museo real, sino la ilusión de un museo. Con ello reivindica más cosas de las que crea. Para empezar, no ubica su museo en un lugar concreto, en una sede definitiva, sino de forma virtual, en la red, y a través de exposiciones temporales en otros museos. Las obras expuestas no son reales, sino objetos creados por el mismo artista, en forma de fósiles, restos humanos, armas prehistóricas, realizados con madera de olivo —el olivo es símbolo de la paz, además de ser un icono del mundo mediterráneo y de Oriente Próximo—. Y con todo ello, Rabah, mezclando el concepto de museo occidental con el concepto de falsedad y desubicación, pone en jaque algunos «pilares fundamentales del pensamiento occidental: los conceptos de dislocación y movimiento, la ausencia de un centro o de la estabilidad, la historia de un pueblo antes de su historia.»[1]

El Museo, desubicado y virtual, se vale de diferentes estrategias de visualización. La más importante es la de recrear una serie de exposiciones temporales en algunas de las ciudades más importantes de Europa. Estas exposiciones, en realidad instalaciones, performances o simplemente muestras individuales de la obra del artista palestino, muestran un discurso dentro del «discurso mayor» que sería el museo completo. Además, la presencia del proyecto en internet es otra de las piezas clave, la que crea la «ilusión» de ser un verdadero museo estatal palestino. A través de su newsletter[2], el proyecto se muestra como lo que intenta recrear y a la vez señalar: un museo hecho a imagen y semejanza de un gran Museo europeo. Tiene horarios (los lunes cierra), tienda, club de amigos, direcciones web, correo electrónico, facebook y twitter (todo falso), e incluso tiene departamentos bien definidos e independientes entre sí. Como curiosidad, en las páginas centrales del boletín del Museo aparece un anuncio de unas ficticias líneas aéreas palestinas, la United States of Palestina Airlines. El juego de apariencia-realidad llega a esos extremos en el trabajo de Khalil Rabah.

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En 2005, en la 9ª Bienal Internacional de Estambul[3], Khalil Rabah mostró el grueso de su Museo en una serie de vitrinas donde se podían contemplar objetos palestinos pretendidamente arqueológicos: herramientas prehistóricas, huesos, inscripciones en piedra, etc. La pregunta más frecuente entre los visitantes era: «¿pero esto es real?». Sí y no. Los objetos eran piezas creadas por el propio Rabah, a partir de madera de olivo y trozos de jabón. Pero la realidad que quería mostrar era precisamente la que representaban esos objetos, no los objetos en sí. La realidad de esos objetos recaen en su concepto, en su idea del expolio sufrido por Oriente, no solo material, sino principalmente en el campo de la memoria y la identidad. En Ámsterdam, en el De Appel arts centre, en 2006 tuvo lugar la exposición temporal del Museo Palestino titulada Tulips in Palestine. En ella se mostraba un hipotético vínculo entre los famosos tulipanes holandeses y su posible origen palestino, así como su reintroducción en este país. La última exposición temporal le llevó a Londres, a la Brunei Gallery de la «School of African and Oriental Studies». Tuvo lugar en 2007 y se tituló 50,320 Names[4]. Consistió en un ejercicio de archivo y memoria, un registro perfectamente ordenado de edificios históricos palestinos —más 50.000 en 16 ciudades y 406 pueblos de la Franja de Gaza y Cisjordania— que incluye mapas y más de 70.000 fotografías. Además, completa la instalación un vídeo donde el propio Rabah va leyendo la lista de nombres de personas que habitaron esos edificios históricos, tomados del RIWAQ’s Registry of Historic Buildings in Palestine.

El Museo de Khalil Rabah no se centra en la arqueología de manera casual. Como bien dice la profesora Guasch, en el ejercicio de la arqueología no se interpretan los hallazgos, sino que se recogen y se clasifican, para que alguien luego los interprete y genere un discurso a partir de unos «enunciados»[5]. En el caso de los artistas no occidentales, esta tendencia hacia el archivo como medio y fin artístico está orientada a conocer y a ser. Se mira al pasado no solo para entender el presente, sino para tener presente. Según Foucault, en eso precisamente consiste el concepto de archivo, en una aparición de «enunciados» que permiten a un acontecimiento existir, y es lo que hace Benjamin en su recolección: hacer posible futuros enunciados que lleven a discursos independientes. Esos «enunciados» son la clave de la existencia de la memoria a través del archivo[6]. Esa es la labor de archivo que pretende hacer Rabah, no dar un discurso, sino elaborar una serie de «enunciados» que luego desemboquen en discursos que permitan existir a su pueblo.

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All images from the exhibition Khalil Rabah: Pages 7,8,9, 2013, New York,  courtesy e-flux.

 

[1] Nieto Yusta, C.: «Del Orientalismo a Oriente (II), El arte contemporáneo en Oriente Medio».
[2] http://www.beirutartcenter.org/images/publications/Summer %20Newsletterlr.pdf
[3] http://www.artlies.org/article.php?id=1305&issue=49&s=0
[4] http://www.thisweekinpalestine.com/details.php?id=2247&ed=145
[5] Guasch, A.M.: «Los lugares de la memoria: el arte de archivar y recordar» en Materia no5, 2005, p. 160.
[6] Op. cit.: p. 159-160.

 

Raúl Fernández Aparicio. Doctorando en Historia del Arte por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED, España).