“El Museo es una escuela. El artista aprende a comunicarse y el público aprende a hacer conexiones”: esta frase ha dado la bienvenida en distintos idiomas a los visitantes de distintos museos y se ha desarrollado y desplegado dentro de las jornadas “Ni Arte/Ni Educación” que se celebraron en Matadero Madrid en Diciembre de 2015. La sentencia de Luis Camnitzer (Lübeck, 1937) resume en un par de sintagmas el núcleo de su investigación artística en lo tocante a la relación que hay entre la escuela y el arte.

Para Camnitzer el arte está erróneamente ligado a la producción de objetos de lujo y no se concibe como forma de pensamiento que permite expandir el conocimiento y ayudar a la imaginación. La concepción del arte, y de las humanidades en general, dentro del ámbito educativo ha dado a entender que son perfectamente prescindibles por no ser cuantificables y no ser sino un estorbo en la maquinaria meritocrática que es la escuela de hoy en día. Una escuela que se encarga de distinguir aquellos alumnos buenos del resto para ser encaminados a quién sabe qué nobles tareas en el sistema de mañana.

Sin embargo, las investigaciones de Luis Camnitzer proponen redefinir el papel del arte en el sistema educativo, para que éste esté al servicio del individuo y no del sistema. Luis busca crear un espíritu independiente y autodidacta en los alumnos, de modo que la figura del maestro sea prescindible, llegados al punto en el que se aprende a aprender. En lo tocante al arte, respalda la idea de dar plena libertad a los alumnos para que sean éstos quienes empiecen por sí mismos y en base a sus propias categorías a discernir lo que es arte de lo que no lo es. De este modo se consigue distinguir el arte del objeto artístico y se puede construir una nueva definición “que no encaje con la producción de objetos de lujo por parte de unos pocos obreros privilegiados para una élite que colecciona para mostrar un estatus”. Y a la par, el alumno puede desde su punto de vista comparar y criticar el canon impartido desde las instituciones. Si utilizamos el arte como herramienta para imaginar, reconocer, conocer y desconocer la realidad, habremos alcanzado el mismo objetivo que persiguen los maestros: el de permitir que los sujetos sean independientes y capaces de generar nuevos órdenes. Arte y educación, entonces, están encaminados a conseguir lo mismo, solo que por sendas distintas.

El museo se convierte en el escenario para la objetualización de estas investigaciones: la obra de Luis Camnitzer no es objetual, no es material (se materializa en postales del museo con la frase en la fachada); pero el museo la adopta desde un letrero en su puerta, que rompe con la normativización del hecho expositivo.

Interiorizar la práctica de Luis Camnitzer es también una forma de posicionamiento político, una forma de resistencia contra lo establecido. Esa educación meritocrática a la que le estorba el arte en sus planes de estudio se encuentra con un elemento de resistencia y competencia. Como si aquello que pudiera desdeñar la educación, se hiciera fuerte fuera de ella y reclamara para si un hueco en las escuelas y los programas educativos. Así ha habido museos que con este giro han sabido abrirse e interiorizar prácticas como la de Luis Camnitzer dejando patente que se inaugura un tiempo nuevo en el que la institución toma conciencia de su relevancia como espacio bélico o como arma y se aproxima a nuevos modelos de institucionalidad mucho más líquidos y no tan estáticos.

Julio Marqués Barrios es licenciado en Humanidades y máster en Gestión Cultural por la universidad Carlos III en sendos casos. Ha trabajado en galerías de arte y en la gestión y coordinación de distintos proyectos de índole cultural. Está interesado en aproximar el arte contemporáneo a nuevas audiencias, eliminando las barreras que impiden que el gran público se relacione con éste en todos sus escenarios. A caballo entre espectador y creador, además escribe, compone y graba.